LEYENDO A LUCY Y A OTRAS MUJERES

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Recientemente me encontré con Lucy, de la escritora Jamaica Kincaid, una novela contada con los pensamientos, con la verdad y la intimidad de una muchacha de 19 años que nació en Las Antillas y que va encontrando a su paso con los otros y las otras, una afirmación de lo que quiere alejar de sí, su propia identidad. Más allá de la historia que cuenta, me llamó poderosamente la atención el silencio. Pues bien, Lucy es una joven que piensa muchas cosas pero que no las dice, nos las dice a nosotros, los lectores y lectoras, por supuesto, pero en su realidad, hay más silencio que el de las páginas en las que está escrita la novela. Es interesante para mí como en ese silencio de Lucy, se nos revelan sus ideas sobre su madre, los pensamientos más eróticos, más honestos sobre la sexualidad, sobre las otras, sus congéneres, sobre sí misma y sobre su propio mundo. Es una mujer brutalmente honesta, en su sentir, pero no lo dice.  Quien quiera sumergirse en esta fascinante historia podrá leer el libro, pero lo que aquí quiero resaltar es el hecho de todo lo que  no decimos y lo que decimos, de cómo la palabra interior crea el mundo y lo recrea para uno mismo.

Así como Lucy, en la literatura, sobre todo en la escrita por mujeres, es predominante ese silencio, los tabúes en relación con los personajes femeninos. Y es que el valor de lo no dicho, socialmente, es incalculable. Me pregunto entonces sobre todos los silencios en un autobús, o sobre el mismo silencio de nuestras palabras. Las mujeres callamos, incluso se educa, tanto a niñas como a niños, para el silencio. No para un silencio meditativo, sino para un silencio normativo, de obediencia. La palabra favorita de los maestros más tradicionales es ¡s-i-l-e-n-c-i-o!

Ese silencio de Lucy, no era cándido, no era un silencio ingenuo de alguien que como una niña descubre el mundo en su inocencia. Es un silencio de sombras y luces, de perspectivas diferentes y de evidencia de lo absurdo de las clases sociales, y de las diferencias raciales y de género también. Es que la autora es además reconocida por ese estilo narrativo de prosa honesta, además de matizada por lo femenino en su máximo esplendor, sus luces y sus sombras.

Escucho los silencios en las calles, los de mujeres hablando entre mujeres, los míos propios, la palabra no dicha y a veces pienso que tendrá que pasar mucho silencio meditativo y no normativizado para que los seres humanos podamos ser tal como somos, con luces y sombras, genuinos y auténticos, a lo mejor, tal como me enseñó el personaje de Lucy, la palabra deja el rastro de lo que el silencio dice y allí, adentro, armamos nuestro propio decir auténtico, a pesar del decir que donamos al mundo. No lo sé, sólo me gustó ese libro, me gustaron esos silencios tan sinceros, me hubiera gustado que los dijera, por eso escribí esta nota para decir-me mi propia verdad.

Por lo pronto recomiendo ampliamente la novela a quienes gustan de la palabra desnuda, como yo. A quienes quieran una experiencia de apertura de otro ser y sus silencios, sin juicios, solamente contemplando. Y me despido con este microrelato que hizo famosa a Jamaica Kincaid y que como me encantó, quiero expandirlo como ola de silencios, aquí les queda:

“Chica”, de Jamaica Kincaid

Lava la ropa blanca el lunes y ponla a secar en las rocas; lava la ropa de color el martes y tiéndela a secar en las cuerdas; no camines sin sombrero cuando hay sol fuerte; fríe los buñuelos de calabaza en aceite dulce muy caliente; pon en remojo tu ropa interior nada más quitártela; cuando compres algodón para hacerte una bonita blusa, cerciórate de que no tiene goma, porque perdería el apresto después de la primera lavada; deja en remojo toda la noche el pescado salado antes de cocinarlo; ¿es cierto que cantas «benna» en la escuela dominical? Come de tal manera que no revuelvas las tripas a nadie; los domingos intenta caminar como una dama y no como una zafia, que es en lo que parece que vas camino de convertirte; no cantes «benna» en la escuela dominical; no hables con chicos que parecen ratas del puerto, ni siquiera para dar indicaciones; no comas fruta por la calle —te seguirían las moscas—; pero si los domingos no canto «benna» y nunca en la escuela dominical—, así se cose un botón; así se hace un ojal para el botón que acabas de coser; así se cose un vestido, cuyo dobladillo se ha descosido; así se plancha la camisa de color caqui de tu padre para que no tenga arrugas; así se planta el okra: lejos de casa, porque los árboles de okra albergan hormigas rojas, cuando cultives dasheen acuérdate de regarla mucho: de lo contrario te picará la garganta cuando la comas; así se barre un rincón; así se barre una casa entera; así se barre un patio; así se sonríe a alguien que no te gusta mucho; así se sonríe a alguien que no te gusta nada; así se sonríe a alguien que te gusta mucho; así se pone la mesa para el té; así se pone la mesa para la cena; así se pone la mesa para cenar cuando viene un invitado importante; así se pone la mesa para el almuerzo; así se pone la mesa para el desayuno; así se comporta una en presencia de hombres que no te conocen muy bien, y de esta manera no reconocerán de inmediato a la zafia en que te he advertido podrías convertirte; no dejes de lavarte todos los días, aunque sea con tu propia saliva; no te agaches a jugar canicas —no eres un chico—; no cojas las flores de la gente: podrías enfermarte; no tires piedras a los mirlos, pues podrían no serlo; así se hace un budín de pan; así se hace doukona; así se hace una buena sopa de verduras y carne con pimienta; así se prepara una buena medicina para el resfriado; así se prepara una buena medicina para expulsar al niño antes de que se convierta en niño; así se pesca; así se devuelve al agua un pez que no te gusta y así evitas que te ocurra algo malo; así se domina a un hombre; así es como un hombre te domina a ti; así es como se ama a un hombre, y si no funciona hay otras maneras, y si no funciona, que no te apene el dejarlo correr; así se escupe en el aire si te apetece y así se aparta uno rápidamente para que no te caiga encima; así se sale al paso con poco dinero; estruja siempre el pan para asegurarte de que es tierno; pero ¿y si el panadero no me deja tocarlos? 

¿Quieres decir que después de todo vas a ser realmente el tipo de mujer a la que el panadero no deja tocar el pan?


Celebro que Yo soy otro Tú en Amor, Alegría, Conciencia, Prosperidad, Belleza, Verdad y Abundancia.
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